martes, diciembre 27, 2011

Día 361: Lemon Films, aficionados al cine desde siempre.

27 de diciembre del 2011

Aficionados al cine desde
siempre; veían una película tras otra hasta que el día terminaba. Pero Fernando y Billy fueron más allá: hicieron de su pasión un negocio rentable y una forma de vida, por lo que estudiaron cine en Estados Unidos -siempre con la idea de regresar a México para realizar el sueño de convertirse en productores-.

Hace poco más de seis años, los hermanos Rovzar traían en mente la idea de formalizar sus estudios cinematográficos para comenzar a hacer sus primeras producciones. Para ello, leyeron guiones, entrevistaron a directores, fotógrafos, actores y visitaron posibles inversionistas, todo esto para armar un equipo de trabajo, en donde todos aportaron sus conocimientos. Finalmente, en julio de 2004 lanzaron su primera película Matando Cabos y a la que le siguieron otros títulos como Kilómetro 31 y Sultanes del Sur.

"Lo que habla de nosotros son las películas. De ahí que realizamos el primer filme sin productora porque era nuestra manera de empezar. ¿Para qué hacer una productora si no tenemos películas? Es como abrir una fábrica de zapatos sin saber qué tipo de calzado vamos a producir", asegura Fernando. Así, con Matando Cabos dieron a conocer Lemon Films, su productora de cine.

Los emprendedores tenían en claro que los mexicanos no veían producciones nacionales, ya que éstas no gozaban de buena fama. Entonces, si contaban con las mismas cámaras, material fílmico y luces, ¿por qué se veían de mala calidad? "Un fotógrafo me dijo que en Estados Unidos se ilumina cada toma y que, por falta de tiempo y presupuesto, no se hace lo mismo en México", dice Fernando. Por lo tanto, el gran tema a resolver era el dinero.

En menos de un golpe de claqueta, los hermanos Rovzar ya formaban parte de la industria del cine sin tener tantos conocidos en el medio ni una gran trayectoria que los respaldara. ¿Cómo llegaron a este punto si generalmente se dice que el cine no es rentable y que para hacerlo hay que hipotecar casas y vender los autos de toda la familia?

Primero, sentaron las bases del negocio y definieron roles. Fernando se encargaría de los presupuestos y del plan de negocios; ir al set a filmar y a estar al pendiente del director. Billy, por su parte, trabajaría en construir y fortalecer la marca, con el objetivo de que Lemon Films estuviera presente en las alfombras rojas y en los festivales, así como hacer "ruido" para dar a conocer la nueva casa productora.

Otro de los aciertos de los hermanos Rovzar fue formar un grupo de trabajo eficiente, compuesto por siete personas: un director de desarrollo (que lee los guiones y trabaja en ellos para proponerlos como las siguientes producciones), un encargado de la relaciones con distribuidores, un par de coordinadores de proyectos para todo Lemon Group -que concentra a Films, TV y Multimedia- y una asistente.

Ya estaban sentadas las reglas e integrado el personal, ahora faltaba el dinero. Para ello, Fernando y Billy, junto con el equipo de producción, se dieron a la tarea de buscar a los primeros inversionistas. Esta labor se puede definir como "pura pasión compartida", pues con sólo contarles la historia logran convencerlos. Aunque también les advierten que el cine mexicano no es un negocio multimillonario, pero sí rentable.

La clave para invertir en una película está en el número de espectadores necesarios para recuperar el capital aportado, todo esto sustentado por un plan de negocios. El hecho de contar con el apoyo del Fondo de Inversión y Estímulo al Cine (Fidecine) para realizar su ópera prima, Matando Cabos -que obtuvo $63 millones en taquilla-, ayudó a los hermanos a sumar inversionistas.

A partir de entonces, recaudan más recursos mediante avances de distribución (cortos de los próximos estrenos que dan a las exhibidoras) y ventas internacionales.

En el caso de Kilómetro 31, hicieron un esquema de coproducción y bajaron el riesgo de $105 millones a $75 millones. Luego, le añadieron el ingrediente de venderla, además de México, en territorio estadounidense y echaron mano del incentivo fiscal 226, que es un estímulo que otorga un crédito equivalente al monto que aporten los contribuyentes del Impuesto Sobre la Renta (ISR) a proyectos de inversión en la producción cinematográfica nacional.

"En cambio, Amor, dolor y viceversa es una coproducción española que no tiene ni un peso de riesgo y cuenta con el incentivo 226, mientras que se distribuirá en Estados Unidos y tendrá un avance de distribución mexicana", comenta Fernando. "Si bien ya estamos en utilidad, fue difícil estructurar la producción así para garantizar rendimientos a los inversionistas", agrega.


Fuente: http://www.soyentrepreneur.com/como-hacer-del-cine-un-buen-negocio.html

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